CON HERRAMIENTAS A LA MANO PARA ESCRIBIR LA HISTORIA

Tenemos la oportunidad de hacer historia digital. Sin olvidar registrar y divulgar la que hemos vivido.

CIER CENTRO
Equipo diseño

Cursaba mi grado quinto en la “Escuela Anexa a la Normal Nacional” (hace varios años ya), en La Cruz, Nariño, con mi profesora Graciela. Empezamos a explorar nuestros nuevos libros de sociales y alguien descubrió con gran sorpresa un detalle que llamó la atención de todos: ¡aparecía una foto del presidente Gaviria en una de las páginas de dicho libro! Lo increíble del caso era que a este personaje sí lo conocíamos, hacía parte de la historia actual de ese entonces, una que al fin conocíamos sin tener que creerla, como tantas otras, con un “acto de fé”. Otros personajes, presidentes, citados en dicha página los conocían, quizá, nuestros papás o simplemente pasaron sin pena ni gloria, no sólo en sus gobiernos, sino en nuestras mentes.

Pero ya son otros tiempos, con una palabra clave, dos paneos y tres clic, tenemos a nuestra disposición un sinnúmero de fuentes, confiables, o no, para indagar sobre los más antiguos personajes y los nuevos; escenarios, acciones e información relacionada de la que queremos enterarnos y de la que, por ocasiones, habríamos preferido haber pasado por alto. En fin, información hay mucha, la que alguien quiso compartir, se tomó el trabajo de recopilarla y la dispuso en diferentes formatos para distribuirse luego por muchos canales.

¿Y nosotros, ya compartimos? -¿Sí?- ¡Genial! -¿No?- ¡Estamos a tiempo! Nos encontramos en un escenario colombiano en el que están sucediendo cosas importantes que vale la pena contar, hechos de los que venimos siendo testigos aventajados hace varios años por nuestra relación directa con agentes impactados por cada suceso que ocurre en la comunidad y que sin duda permitirá ayudar a reconocer nuestro contexto cercano. Si lo hacemos, podemos, en primer lugar, vincular en ese proceso de reconocimiento de nuestra propia historia a colegas, estudiantes, padres de familia y vecinos de la institución y, luego, registrar la información que deseamos compartir, para que se reconozca y divulgue en contextos pares alrededor del país ¿y por qué no, del mundo?. ¿Cómo? A través de correos electrónicos, YouTube, Facebook, Twitter, con el voz a voz, todos son válidos.

Contar y divulgar esa historia que quizá no queremos repetir “aquel que no conoce la historia, está condenado a repetirla”,  reza el conocido adagio, seguramente puede ayudarnos como sociedad, como colombianos, a reconocer, a reconocernos y entendernos, importante necesidad. Tenemos historias, tenemos herramientas digitales que facilitan su divulgación, tenemos oportunidad de registrar nuestra historia, la que vivimos en nuestra escuela, en nuestro barrio, en nuestra patria chica, e integrarla a la que está en los libros de historia de Colombia.

Para cerrar esta sugerencia, que desde la escuela “produzcamos” la historia que conocemos y queremos contar, reseño un proyecto del año 2011 que encontré en el sitio web de la Organización de Estados Americanos (OEI): “No somos invisibles”, relatos de 3 niños colombianos contados por ellos mismos y con los que, de mi parte, acabo de acercarme a la vida en medio del conflicto, desde el punto de vista de los siempre inocentes niños.

Enlace del proyecto (se encuentran las descripciones de cada video): http://www.oei.es/idie/colombiapi.htm

Enlaces directos a los videos publicados en YouTube (en caso de que el enlace del proyecto deje de funcionar en algún momento):

No somos invisibles 1: https://youtu.be/PoTcpoqstgM

No somos invisibles 2: https://youtu.be/9xZuKbKmmU8

No somos invisibles 3: https://youtu.be/_mx3zIeDxfA

¿Qué sucederá si nos atrevemos? ¿Lo intentamos?